I+D+i: qué es la Investigación, Desarrollo e Innovación y cómo transformar una idea en un proyecto

I+D+i: qué es la Investigación, Desarrollo e Innovación y cómo transformar una idea en un proyecto 

El acceso global a la información y al conocimiento en la sociedad actual ofrece grandes ventajas, pero también plantea importantes desafíos para la competitividad de las empresas. En este contexto, la actividad de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) cobra una relevancia fundamental, ya que se basa en la aplicación de estrategias orientadas a buscar de forma sistemática nuevo conocimiento y soluciones innovadoras y eficaces a problemas concretos mediante métodos científicos y tecnológicos. Por tanto, comprender qué es la I+D+i y cómo gestionarla de forma estructurada se convierte en un factor clave para la competitividad empresarial. 

Estos saberes se transforman posteriormente en aplicaciones prácticas, dando lugar a nuevos productos o a la mejora de los ya existentes, y finalmente se introducen y difunden en el mercado. Todo este proceso no solo genera valor y ventajas competitivas para las empresas, sino que también contribuye al progreso de la sociedad y de la economía a través de la creación de nuevos productos y servicios. 

¿Qué es la I+D+i? 

La I+D+i (Investigación Desarrollo e Innovación) abarca un conjunto de actividades organizadas destinadas a generar conocimiento, desarrollarlo y convertirlo en innovación. Se emprenden de manera sistemática en empresas, universidades y centros de investigación públicos para aumentar el conocimiento humano y utilizarlo en nuevas aplicaciones. En el ámbito empresarial, estas actividades se orientan a resolver problemas técnicos, optimizar procesos, crear nuevos productos o adaptar soluciones existentes a las demandas del mercado.  

Las necesidades del entorno y de las propias empresas, junto con la aparición de nuevas normativas, impulsan la aparición de productos y procesos novedosos, nuevas formas de organización, estrategias de marketing más avanzadas, procesos industriales más respetuosos con el medio ambiente y soluciones informáticas innovadoras, entre otros. Todo ello como resultado de una gestión estructurada de la investigación, el desarrollo y la innovación dentro de las organizaciones. 

Relación entre Investigación, desarrollo e innovación 

Dentro de la I+D+i, se distinguen tres conceptos estrechamente relacionados, pero con funciones diferenciadas. Comprender la relación entre investigación, desarrollo e innovación es esencial para estructurar correctamente proyectos de I+D+i y maximizar su impacto. 

La investigación se centra en la generación de nuevo conocimiento científico y tecnológico, permitiendo ampliar la base de conocimientos existentes. El desarrollo aplica esos conocimientos para diseñar y probar soluciones concretas, mientras que la innovación introduce dichas soluciones en el mercado o en los procesos productivos, generando valor real. 

Existen innovaciones de carácter incremental, que introducen mejoras progresivas, y otras de carácter radical, que transforman por completo industrias y mercados. Ejemplos de estas últimas son la automatización, la telefonía móvil, la inteligencia artificial o los avances en sostenibilidad, cuyo impacto en la sociedad es ampliamente reconocido. 

Innovar implica un proceso organizado y sistemático que otorga un sólido sustento a cualquier proyecto, permitiendo transformar ideas en soluciones viables mediante la aplicación de métodos científicos, tecnológicos y de gestión de la innovación. 

Desarrollar una cultura de innovación a través de un modelo de gestión que valore el conocimiento y fomente la investigación y la innovación no es solo una opción para ampliar las ventajas competitivas de las organizaciones, sino una necesidad para fortalecer su capacidad de adaptación a los cambios y asegurar su permanencia en el tiempo. 

La I+D+i permite a las empresas anticiparse a las demandas del mercado, mejorar su eficiencia, cumplir con nuevas exigencias normativas y diferenciarse frente a la competencia en entornos cada vez más exigentes. 

En grandes empresas de los sectores manufacturero, farmacéutico o tecnológico, este proceso suele desarrollarse en espacios formales, con laboratorios de investigación y desarrollo, personal especializado y recursos dedicados a proyectos de I+D+i (investigación, desarrollo e innovación). De estos entornos surgen productos en constante mejora, nuevos medicamentos y desarrollos tecnológicos innovadores. 

Sin embargo, en la mayoría de las organizaciones, las oportunidades de innovación también nacen de necesidades cotidianas: resolver problemas de costos o calidad, atender requerimientos específicos de clientes, enfrentar dificultades en el suministro de materias primas o aprovechar ideas de mejora impulsadas por el espíritu emprendedor de algunas personas.  

Estas situaciones pueden dar origen a proyectos de I+D+i, incluso cuando aún no existe una estructura formal para su desarrollo, tanto en grandes empresas como en pymes y emprendimientos innovadores. 

Etapas del desarrollo en un proyecto de I+D+i 

El desarrollo de un proyecto de I+D+i no se limita a la generación de ideas, sino que sigue un proceso estructurado y progresivo que permite transformar una propuesta inicial en un proyecto viable, alineado con la estrategia de la organización y con potencial de mercado. A lo largo de este proceso se suceden distintas fases clave, en las que se evalúan tanto los aspectos técnicos como económicos y comerciales. 

  • Generación y selección de ideas:  
    El proceso se inicia con la identificación de ideas, que se someten a un filtrado, evaluación y validación priorización para seleccionar y priorizar aquellas propuestas con mayor potencial, alineadas con los objetivos estratégicos de la organización. 
  • Análisis de viabilidad: 
    Para determinar qué iniciativas cuentan con las condiciones necesarias para convertirse en proyectos de investigación, desarrollo e innovación estructurados y sostenibles, se analizan aspectos clave como la viabilidad técnica, los costes asociados, la disponibilidad de recursos y el potencial de mercado. 
  • Definición del equipo de trabajo: 
    Una vez seleccionada la propuesta más adecuada, se constituye un equipo de trabajo multidisciplinar formado por perfiles técnicos y de negocio, que puede complementarse con expertos externos en ámbitos científicos, tecnológicos o empresariales, que aportan soluciones especializadas al reto planteado. 
  • Formalización y planificación del proyecto:  
    En esta fase se definen con claridad los objetivos, el alcance y los resultados esperados del proyecto. AsImismo, se elabora un plan de trabajo detallado que recoge tareas, plazos, responsables y recursos materiales y financieros necesarios para su ejecución. 
  • Análisis del impacto y orientación al mercado: 
    Finalmente, se evalúa el impacto potencial del nuevo producto, proceso o solución mediante el estudio del entorno competitivo, la oferta, la demanda, las necesidades y preferencias del cliente y las estrategias de comercialización, con el fin de maximizar el valor generado por los proyectos de I+D+i
Investigación, desarrollo e innovación: del conocimiento al mercado 

La investigación comienza por conocer el nivel de avance científico y tecnológico existente en el área relacionada con la idea que se desea desarrollar. Esto permite entender qué se ha hecho antes, cómo se ha abordado y qué oportunidades de mejora existen. Para ello, se recurre a la consulta de literatura especializada en bases de datos de publicaciones científicas y de patentes disponibles en internet. Esta recopilación y análisis ordenado de información, conocido como el estado del arte o estado de la técnica, constituyen el punto de partida de cualquier proyecto de investigación. 

A partir de este análisis inicial, el proyecto avanza hacia la fase de desarrollo, que se construye mediante ciclos repetidos de diseño, modelado y pruebas. Durante el diseño se definen las especificaciones, se elaboran planos o se establece la arquitectura del sistema. En la etapa de modelado se crean prototipos o versiones iniciales del producto y se realizan pruebas para validar su funcionamiento y desempeño. 

Los prototipos permiten experimentar, detectar fallos y validar ideas antes de avanzar a etapas posteriores, y pueden ir desde bocetos simples hasta maquetas o plantas piloto. Estas últimas reproducen procesos industriales en condiciones controladas, facilitando en el ámbito empresarial la transformación de ideas en soluciones tangibles al reducir la incertidumbre, acortar los plazos de comercialización y permitir pruebas de mercado, certificaciones de calidad y evaluaciones por clientes potenciales. 

Este ciclo continuo de prueba y error permite madurar la propuesta innovadora, tras lo cual se desarrollan etapas de análisis del negocio, definición de estrategias de marketing y el desarrollo final del producto hasta su lanzamiento al mercado. 

Como señaló Peter Drucker: “La prueba de una innovación no es su novedad, ni su contenido científico, ni el ingenio de la idea… es su éxito en el mercado”. 

La I+D+i constituye un proceso estratégico que permite transformar el conocimiento en valor, impulsar la competitividad empresarial y contribuir al desarrollo económico y social. Su correcta gestión y estructuración son fundamentales para convertir ideas en proyectos viables y en innovaciones con impacto real en el mercado. 

La correcta definición, documentación y evaluación técnica de los proyectos de I+D+i resulta clave, para que las empresas puedan acceder a incentivos fiscales, bonificaciones o programas de apoyo a la innovación amparados en el artículo 35 de la Ley 27/2014 del Impuesto de Sociedades. 

En este proceso, la certificación de los proyectos de I+D+i aporta rigor técnico y seguridad jurídica. ACERTA, como entidad acreditada, evalúa y certifica proyectos de investigación, desarrollo e innovación, facilitando su reconocimiento y acceso a incentivos. 

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